Las almorranas, también conocidas como hemorroides, son uno de los problemas de salud más frecuentes en la población adulta. A pesar de ello, pocas veces se habla abiertamente del tema, lo que genera vergüenza, desinformación y muchas dudas entre quienes lo padecen. El dolor, la picazón o el sangrado al evacuar suelen ser los síntomas más comunes, y aunque pueden alterar la rutina diaria, en la mayoría de los casos se trata de una condición tratable y de fácil manejo.
Parte de la confusión que existe alrededor de las almorranas proviene de los mitos que se transmiten de generación en generación. Estas ideas equivocadas llevan a pensar que se trata de una enfermedad grave, exclusiva de personas mayores o causada por la comida picante. Para entender mejor la realidad de este padecimiento, es importante separar los hechos de la ficción.
Las almorranas son venas que se dilatan en la parte baja del recto y el ano, de manera similar a las varices que aparecen en las piernas. Cuando estas venas se inflaman, pueden causar molestias como dolor al evacuar, picazón o sangrado. Se clasifican en internas, cuando están dentro del recto, y externas, cuando se localizan en la piel alrededor del ano.
Aunque se trata de una condición muy común, aún existe un gran estigma. Muchas personas retrasan la visita al médico por vergüenza, cuando en realidad lo más recomendable es buscar atención temprana. Conocer la verdad detrás de los mitos más difundidos puede ayudar a reducir miedos y a tomar decisiones adecuadas.
Mitos y realidades sobre las almorranas
Mito 1: “Las almorranas solo aparecen en personas mayores”
Realidad: aunque la edad es un factor de riesgo, las almorranas no son exclusivas de adultos mayores. Pueden presentarse en jóvenes con estreñimiento frecuente, en personas con trabajos sedentarios e incluso durante el embarazo, debido al aumento de presión en la zona pélvica.
Mito 2: “La comida picante es la causa de las almorranas”
Realidad: el picante no provoca almorranas (hemorroides). Lo que sí ocurre es que puede irritar la zona anal en personas que ya tienen síntomas, generando más incomodidad. Las verdaderas causas están relacionadas con el estreñimiento, el esfuerzo al evacuar, el sedentarismo y la falta de fibra en la dieta.
Mito 3: “Si tienes almorranas, necesitarás cirugía”
Realidad: la mayoría de los casos no requieren cirugía. Muchas veces mejoran con medidas simples como una dieta rica en fibra, una adecuada hidratación o tratamientos locales. Solo en casos persistentes se recomienda un procedimiento médico como la ligadura con banda elástica, la escleroterapia o, en última instancia, la cirugía.
Mito 4: “El sangrado siempre significa algo grave”
Realidad: el sangrado leve y de color rojo brillante es un síntoma típico de las almorranas (hemorroides) internas. Sin embargo, también es cierto que no todo sangrado rectal se debe a hemorroides; por eso es importante acudir al médico para descartar otras enfermedades del aparato digestivo. La valoración profesional es fundamental para tener un diagnóstico certero.
Mito 5: “Las almorranas son un signo de mala higiene”
Realidad: no tienen relación con la higiene personal. Son un problema circulatorio localizado en las venas del ano y recto. Mantener buenos hábitos de limpieza puede ayudar a reducir la irritación, pero no es la causa de su aparición.
Mito 6: “No hay nada que se pueda hacer para prevenirlas”
Realidad: aunque algunos factores como la edad o la predisposición genética no se pueden modificar, existen muchas medidas preventivas que reducen el riesgo. Una alimentación equilibrada y la práctica de ejercicio son acciones que disminuyen la posibilidad de desarrollarlas.

Prevención y cuidado de las almorranas
Las almorranas no siempre se pueden evitar, pero sí es posible reducir su aparición y aliviar los síntomas adoptando algunos hábitos sencillos:
- Aumentar el consumo de fibra: frutas, verduras, legumbres y cereales integrales ayudan a mantener heces blandas y facilitan la evacuación.
- Mantener una buena hidratación: beber suficiente agua a lo largo del día previene el estreñimiento.
- Hacer actividad física regularmente: caminar, nadar o andar en bicicleta favorece la circulación y evita el sedentarismo.
- Evitar permanecer mucho tiempo en el inodoro: pasar varios minutos sentado aumenta la presión en las venas del recto.
- Controlar el peso corporal: el sobrepeso ejerce más presión en la zona pélvica y anal.
- Manejar el estrés: el estrés crónico puede alterar el tránsito intestinal y favorecer tanto el estreñimiento como la diarrea.
- Cuidar los hábitos intestinales: no aguantar las ganas de evacuar y establecer una rutina regular para ir al baño ayuda a prevenir el esfuerzo excesivo.
Si a pesar de estos cuidados los síntomas persisten, la recomendación siempre es consultar a un especialista. El proctólogo puede indicar tratamientos médicos adecuados y descartar otras enfermedades más serias.
Las almorranas son una condición frecuente y rodeada de mitos que muchas veces generan miedo innecesario. La realidad es que, en la mayoría de los casos, son tratables con medidas sencillas y cambios en el estilo de vida.
Si presentas molestias como sangrado, dolor o picazón, agenda tu consulta con nuestro proctólogo y recibe la atención profesional que necesitas para recuperar tu bienestar.
Referencias bibliográficas
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- Martínez Sarasa, P., Sasal Pérez, S., Perelló Llabrés, D., Latorre Tomey, R., Rufas Luis, S., & Baniandrés Rodríguez, I. (2025). Alimentación y estrés, como factor predisponente de la aparición de hemorroides. Revisión bibliográfica. Revista Sanitaria de Investigación.
- Pruthi, S. (2023). Hemorroides: diagnóstico y tratamiento. Mayo Clinic.
- Pruthi, S. (2023). Hemorroides: síntomas y causas. Mayo Clinic.
¿Las almorranas solo aparecen en personas mayores?
No. Aunque son más frecuentes con la edad, pueden presentarse a cualquier edad cuando existe estreñimiento, esfuerzo al evacuar, embarazo u otros factores que aumentan la presión en las venas anales.
¿Sentarse en superficies frías provoca almorranas?
Mito. La temperatura del asiento no causa almorranas; lo que influye es el aumento de presión/pujo, el estreñimiento o pasar mucho tiempo en el inodoro.
¿Las almorranas siempre duelen?
No necesariamente: las internas suelen sangrar sin dolor; las externas pueden doler, sobre todo si se trombosan. Si hay sangrado o dolor persistente, requiere valoración.
¿Las pomadas o “remedios caseros” curan las almorranas?
Pueden aliviar síntomas, pero no sustituyen la evaluación médica; el manejo incluye fibra/agua, baños de asiento y, si no mejoran, procedimientos como ligadura con banda elástica o escleroterapia según el caso.
¿Todo sangrado rectal es por almorranas o pueden volverse cáncer?
Mito: no todo sangrado es por almorranas y estas no se transforman en cáncer; por eso es clave descartar otras causas cuando hay sangrado.
